En la Copa de Maestros, un campeón de otra época, convertido este 2015 de Novak Djokovic en uno de los años más asombrosos de la historia del tenis. El serbio, afincado en el infinito, culmina la temporada perfecta con un tÃtulo que le concede la matrÃcula de honor, un portento descomunal que echa el cierre con 82 triunfos por solo seis derrotas y con once trofeos, todos de muchÃsimo valor, en su mochila. El domingo, a la hora de la merienda, Djokovic abrumó a un inoxidable Roger Federer y le redujo a la mÃnima expresión sin la necesidad de hacer nada del otro mundo, asà es el tenis de hoy. En una hora y 20 minutos, firmó una tarjeta inmaculada con un convincente 6-3 y 6-4 y completa la hazaña con su cuarto Masters consecutivo. DifÃcilmente habrá otro curso igual.
Para el dÃa de autos, el balcánico apuesta por una versión más serÃa que espectacular, resolutivo cuando el genio suizo le empuja a situaciones crÃticas. DÃas antes, Federer fue el vencedor en el duelo de la fase de grupos apostando por el juego de fondo, pero esta vez todo es predecible desde el inicio. Y se repite esa sensación siempre que Djokovic está en la pista, un depredador que destroza estadÃsticas y que, sin embargo, no emociona como lo pueden hacer otras raquetas del circuito. El número uno tiene de todo y es difÃcil hacerlo mejor, pero no transmite tanto desde ese estilo robotizado en el que apenas hay fallos. Gana, gana y gana y encima ahora es mentalmente muy superior al resto. Con todo eso, tiene el mundo a sus pies.
Finaliza el año con 15 finales en 16 torneos, únicamente con la mancha de Doha en el prólogo de esta campaña magistral (derrota contra el cañonero Karlovic). Y esos once tÃtulos se desgranan en tres Grand Slams, seis Masters 1.000, un ATP 500 de peso como PekÃn y esta Copa de Maestros que le impulsa aún más en la clasificación mundial, un héroe que aburre ya que no concede espacio a los demás. Solo Federer, precisamente, ha sido capaz de molestarle en alguna fase de 2015 al superarle tres veces, pero al campeón de 17 grandes le faltó rematar ayer, a remolque desde que perdió su saque en el tercer juego del primer parcial. Quiso recuperar el tiempo perdido variando sus rutinas y no le bastó el interminable repertorio de recursos, pues Djokovic fue un muro que lo devolvió absolutamente todo.
A Federer queda aplaudirle por todo lo que es, un titán que sigue luchando a los 34 años por estar en la cima y copar las portadas. Cuando parecÃa sentenciado en el octavo juego de la segunda manga, reaccionó a lo grande y por un momento se imaginó la remontada al levantar un 0-40 definitivo, pero se le esfumó rápido la ilusión. La gloria, como casi siempre en este ejercicio lineal, fue para Novak Djokovic, que ya ni lo celebra al estilo ultra como antes. Asà de superior se siente.
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Djokovic campeón del Masters
