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Wimbledon 2025: Día 1

Un día de calor extremo, emociones fuertes y sorpresas en Wimbledon.

La jornada inaugural de Wimbledon 2025 dejó una estampa inolvidable: partidos vibrantes, temperaturas sofocantes, gestos de humanidad y una oleada de resultados inesperados. Y en el centro de todo eso estuvo Carlos Alcaraz, quien vivió un debut tan complejo como conmovedor.

Fuente: Wimbledon

El campeón defensor, favorito en las apuestas y gran candidato al título, se encontró en un inesperado y desgastante quinto set ante el siempre impredecible Fabio Fognini, un verdadero artista del juego que, a sus 37 años, sigue siendo capaz de desequilibrar a los mejores. El encuentro, ya de por sí tenso, se vio interrumpido por una situación que nada tenía que ver con lo deportivo: una espectadora en las gradas sufrió una descompensación en pleno partido.

El primero en advertirlo fue el propio Alcaraz, quien no dudó en correr hacia un auxiliar y entregarle su botella de agua para asistir a la persona afectada. Fue un gesto espontáneo, noble y muy humano en medio de una competencia feroz. El juego se suspendió durante más de 15 minutos, mientras los médicos del torneo atendían a la espectadora, quien finalmente fue retirada del estadio y, según informó la organización, se encontraba estable y comunicativa hacia las 19 horas, hora local.

Cuando se reanudó el juego, el murciano logró recuperar la concentración y cerrar el encuentro en cinco sets, aunque no sin sobresaltos. Durante varios tramos del partido, Alcaraz se mostró errático, incómodo y superado por el talento y la variedad del italiano. Sin embargo, apeló a su espíritu combativo para salir adelante en una jornada donde todo parecía cuesta arriba.

Y no fue el único que padeció las condiciones extremas. Más temprano, la rumana Elena-Gabriela Ruse también se vio afectada por el calor y terminó descompuesta en los instantes finales de su derrota en tres sets ante la campeona del Abierto de Australia, la estadounidense Madison Keys. La escena fue tan impactante como reveladora: los jugadores, empapados de sudor, se cubrían con toallas heladas, buscaban sombra desesperadamente y Wimbledon activaba –aunque sin llegar a aplicarlo aún– su protocolo de calor extremo, que contempla pausas más prolongadas para preservar la salud de los tenistas.

Los pronósticos climáticos indican que el martes será todavía más caluroso, con sensaciones térmicas récord, antes de que llegue un respiro parcial a partir del miércoles. Wimbledon, con su tradición centenaria sobre césped, está viviendo una de sus ediciones más extremas en lo climático.

Lunes de locura: los sembrados sufren el rigor del debut

El famoso “Manic Monday” (lunes de locura), marca registrada del arranque de Wimbledon, hizo honor a su nombre. Y si bien es un deleite para los aficionados por la intensidad y la cantidad de partidos –se juegan 64 encuentros de primera ronda en un solo día–, no todos los cabezas de serie tuvieron motivos para celebrar.

En el cuadro femenino, la lógica prevaleció en buena parte. Aryna Sabalenka, número uno del mundo, venció cómodamente a la canadiense Carson Branstine, proveniente de la qualy. Por su parte, la italiana Jasmine Paolini, finalista en 2024, debió remontar un set ante la letona Anastasija Sevastova para avanzar.

Pero hubo algunas sorpresas. La novena sembrada Paula Badosa cayó ante la local Katie Boulter, generando un estallido de júbilo en el público británico. También se despidió la estadounidense McCartney Kessler, sembrada 32, derrotada por la campeona de 2023, la checa Markéta Vondroušová.

Sin embargo, fue en el cuadro masculino donde se vivió la verdadera masacre tenística.

Daniil Medvedev, noveno preclasificado, volvió a mostrar esa dicotomía que lo caracteriza: capaz de lo mejor y lo peor en el mismo partido. Esta vez, lo peor se impuso. El ruso, que alguna vez pareció destinado a dominar el circuito, fue eliminado prematuramente.

El danés Holger Rune, octavo sembrado, llegó a estar dos sets arriba contra Nicolás Jarry, pero el chileno protagonizó una remontada memorable y lo sacó del torneo. También perdió Alexei Popyrin (20º), nada menos que ante Arthur Fery, un británico clasificado con ranking superior al puesto 450 del mundo.

Más caídas: Francisco Cerúndolo (16º) fue eliminado por el portugués Nuno Borges, mientras que Matteo Berrettini, finalista aquí en 2021 y actualmente sembrado 32, cayó ante el polaco Kamil Majchrzak.

Y el golpe emocional más fuerte lo protagonizó Stefanos Tsitsipas. El griego, sembrado 24 y alguna vez señalado como futuro múltiple campeón de Grand Slam, se retiró por una lesión en la espalda mientras estaba dos sets abajo frente al francés Valentin Royer, otro clasificado. A sus 26 años, Tsitsipas parece haberse estancado peligrosamente en su evolución.

La jornada fue tan intensa que muchos fanáticos apenas podían seguir el ritmo de los resultados. Vale recordar que Wimbledon es el único major que arranca en lunes, y el único que condensa la mitad de la primera ronda en ese primer día. Es una apuesta arriesgada, pero que le da un sabor especial al torneo.

Otras historias y momentos destacados del Día 1

Taylor Fritz, quinto sembrado, protagonizó una de las remontadas del día: perdía dos sets a cero ante el francés Giovanni Mpetshi Perricard cuando el partido fue suspendido por el toque de queda nocturno. La interrupción, que llegó apenas 40 minutos antes del límite permitido, generó quejas tanto de los espectadores como del propio Fritz.

Lo mismo ocurrió con el alemán Alexander Zverev, tercer preclasificado, que había igualado su encuentro contra Arthur Rinderknech cuando el reloj marcó el final de la jornada. Ambos deberán continuar el martes.

En la rama femenina, la campeona de Roland Garros 2017, Jelena Ostapenko (20ª), perdió en tres sets ante la británica Sonay Kartal, de apenas 23 años y tercera en el ranking nacional. Una de las sorpresas más celebradas por el público local.

La travesía del público bajo el sol abrasador

Pero no solo los jugadores sufrieron el clima. El tradicional “queue” de Wimbledon —esa icónica fila para conseguir entradas generales— se convirtió en una auténtica prueba de resistencia. Miles de fanáticos acamparon, caminaron y esperaron durante horas bajo un sol implacable, todo por la oportunidad de ver tenis en vivo desde el All England Club.

Pat y Neil Buie, un matrimonio de Toronto, Canadá, llegaron a las 6:30 de la mañana. “Es tarde para conseguir buen lugar”, reconocieron. Seis horas más tarde, aún estaban lejos de entrar, apenas resguardados por una sombrilla. “Hace calor, pero lo llevamos bien”, dijo Pat, de 71 años. “El viento nos ha salvado”, añadió Neil, su marido desde hace 43 años.

Más atrás en la fila estaban Cathy Danache, Lisa Morton y Debbie Penderghast, tres azafatas que habían aterrizado en Londres ese mismo día por la mañana y fueron directamente al suroeste de la ciudad. Danache, en su tercera tentativa por ingresar a Wimbledon, no se daba por vencida. “El calor es distinto al de California, pero valdrá la pena si logramos entrar”, afirmó.

Melanie Aidoo, refugiada bajo un árbol junto a su madre, quien había viajado desde Sudáfrica, fue contundente: “El calor es insoportable, no se puede estar parado al sol”. Otra visitante, Ethel Bergmann, oriunda de Miami y número 7.800 en la fila, agregó: “Aunque sea que pongan algunas sombrillas a lo largo del camino, sería una gran ayuda”.

Los organizadores del torneo difundieron recomendaciones: usar gorras, hidratarse constantemente y aplicarse protector solar. Además, se desplegaron asistentes y personal médico en distintos sectores del parque para asistir a quienes lo necesitaran.

Lo que viene

Con temperaturas aún más elevadas previstas para el martes y muchos partidos en curso que deberán reanudarse, la acción en Wimbledon apenas comienza. El debut dejó una clara señal: este será un torneo tan exigente como impredecible, dentro y fuera de la cancha.

Y aunque las condiciones climáticas pueden ser extremas, lo que hace de Wimbledon un torneo único sigue intacto: su capacidad de combinar drama, tradición, elegancia y sorpresas en un escenario que no se parece a ningún otro.

La pelota sigue en juego. Y el calor, también.

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