El décimo día del US Open 2026 quedará registrado como una de las jornadas más exigentes y dramáticas de esta edición del torneo, tanto por la calidad competitiva de los partidos como por la extraordinaria extensión de la actividad en el Arthur Ashe Stadium.
Los cuatro cuartos de final de singles disputados durante la jornada terminaron resolviéndose en el set decisivo, una circunstancia que explica por sí sola la dimensión física y mental de un día en el que cada partido exigió una enorme capacidad de resistencia. Pero por encima de todo quedó la eliminación de Carlos Alcaraz, campeón defensor, derrotado por Ben Shelton en un encuentro de 4 horas y 28 minutos que terminó avanzada la madrugada y que estableció el final más tardío de la historia del US Open. Shelton se impuso 6-7(5), 6-1, 6-3, 1-6 y 7-6(10-7), después de sobrevivir a un partido de altísima intensidad y de resistir la reacción de un Alcaraz que, pese a sus dificultades físicas y a una fase central del encuentro en la que perdió completamente el control del marcador, consiguió llevar el duelo hasta un super tie-break final.
La derrota de Alcaraz adquiere una dimensión particular porque llegaba a Nueva York como campeón defensor y después de un período muy prolongado de inactividad competitiva provocado por su lesión en la muñeca. Su regreso al circuito en un torneo de la magnitud del US Open implicaba necesariamente un interrogante sobre su capacidad para sostener durante siete partidos una carga competitiva máxima, y ese interrogante terminó apareciendo precisamente en el momento de mayor exigencia. Contra Shelton comenzó jugando a un nivel suficientemente alto como para ganar el primer set en un tie-break, imponiendo buena parte de las condiciones tácticas que habitualmente le permiten dominar desde la combinación de aceleración de derecha, cambios de dirección, capacidad de defensa y presión sobre el segundo golpe del rival. Sin embargo, el partido cambió radicalmente a partir del segundo parcial.
Shelton consiguió elevar considerablemente la calidad de su primer saque y, sobre todo, empezó a utilizar la combinación entre potencia y profundidad para evitar que Alcaraz pudiera instalarse cómodamente en las posiciones ofensivas. El estadounidense llevó el encuentro hacia un escenario de intercambios más cortos, con una utilización permanente del servicio como primer elemento de construcción y una agresividad extraordinaria sobre las devoluciones que quedaron dentro de la pista. El resultado fue una transformación completa de la dinámica: después de perder el primer set, Shelton ganó nueve juegos consecutivos y pasó de estar al borde de quedar en desventaja a controlar claramente el partido. El segundo set terminó 6-1 y el tercero 6-3, con Alcaraz sometido a una presión constante y con un incremento significativo de los errores no forzados. Una de las estadísticas más reveladoras fue precisamente la diferencia en errores no forzados, 53 para Alcaraz contra 35 de Shelton, una señal de que el español no consiguió mantener la precisión necesaria durante buena parte del encuentro.
El cuarto set, sin embargo, volvió a modificar completamente el panorama. Alcaraz encontró una reserva competitiva extraordinaria y recuperó el control de los intercambios. Su capacidad para variar alturas, modificar direcciones y acelerar especialmente con la derecha volvió a generar problemas a Shelton, que dejó de disponer de la misma comodidad con su primer golpe. El español ganó el cuarto parcial 6-1 y forzó el quinto, en una demostración de carácter que evitó que el partido terminara antes de llegar a su fase decisiva. El problema para Alcaraz era que esa recuperación también tenía un costo físico evidente. La intensidad acumulada, el largo período sin competición y la necesidad de disputar puntos de máxima exigencia durante más de cuatro horas hicieron que el quinto set se transformara en una prueba esencialmente de resistencia y capacidad para gestionar la presión.
El parcial definitivo fue una sucesión de oportunidades y situaciones límite. Ninguno de los dos consiguió imponer una superioridad definitiva y el encuentro terminó desembocando en un super tie-break. Allí Shelton jugó con enorme determinación, mantuvo la agresividad de su servicio y logró administrar mejor los puntos decisivos. Alcaraz tuvo capacidad para mantenerse en contacto, pero el estadounidense cerró el encuentro 10-7 y produjo la que hasta ese momento es probablemente la victoria más importante de su carrera. Además de eliminar al campeón defensor, Shelton consiguió acceder a las semifinales del US Open y garantizó una semifinal completamente estadounidense frente a Frances Tiafoe.
El triunfo de Shelton también representa un cambio significativo en el escenario masculino del torneo. El tenis estadounidense llevaba décadas esperando una nueva referencia capaz de competir por un título de Grand Slam, y la presencia simultánea de Shelton y Tiafoe en las semifinales abre una posibilidad que durante años parecía cada vez más distante. El último campeón estadounidense masculino de un Grand Slam fue Andy Roddick en el US Open de 2003. Ahora, con dos jugadores locales en semifinales, Nueva York vuelve a tener una expectativa concreta alrededor del tenis masculino estadounidense.
Pero antes de que Shelton y Alcaraz entraran en la cancha, la jornada ya había producido una de las grandes historias del torneo. Frances Tiafoe derrotó a Alex Michelsen después de una remontada extraordinaria. El marcador fue 5-7, 3-6, 7-5, 6-3 y 7-6(10-6), en un encuentro que se extendió durante 4 horas y 39 minutos. Michelsen había construido una ventaja enorme y llegó a estar muy cerca de cerrar el partido. El joven estadounidense, que estaba disputando el primer cuarto de final de Grand Slam de su carrera, llegó a sacar para ganar cuando estaba 5-4 en el tercer set y además comenzó el quinto parcial con ventaja de 3-0. Sin embargo, Tiafoe consiguió cambiar completamente la dinámica del encuentro.
La remontada de Tiafoe tuvo una dimensión táctica y emocional. Durante los dos primeros sets, Michelsen consiguió imponer un patrón de juego muy agresivo, utilizando el servicio para obtener puntos baratos y atacando la red con mucha frecuencia. El joven estadounidense terminó con 21 aces y durante largos períodos logró impedir que Tiafoe pudiera establecer el ritmo desde el fondo de la pista. Tiafoe, en cambio, necesitó tiempo para encontrar el timing de sus golpes y comenzar a jugar con la profundidad suficiente como para quitarle a Michelsen la posibilidad de avanzar constantemente.
El momento crítico llegó cuando Michelsen no pudo cerrar el tercer set. Con 5-4 y servicio, aparecieron dos dobles faltas que abrieron la puerta para la reacción de Tiafoe. El estadounidense aprovechó inmediatamente la oportunidad, recuperó el break y empezó a ganar terreno desde la línea de fondo. A partir de allí, la dinámica psicológica se modificó por completo. Tiafoe empezó a jugar con mayor agresividad, encontró mejores ángulos y tomó la iniciativa en los intercambios. Michelsen pasó de jugar con la libertad propia de quien domina el partido a hacerlo bajo la presión de saber que estaba dejando escapar una oportunidad histórica.
El quinto set fue un verdadero ejercicio de supervivencia. Michelsen comenzó 3-0 arriba, pero Tiafoe volvió a recuperar terreno y consiguió llevar el partido al super tie-break. Allí la diferencia estuvo en la gestión de los puntos de máxima presión. Tiafoe consiguió sostener mejor su patrón ofensivo y terminó imponiéndose 10-6. Inmediatamente después de la victoria protagonizó una de las imágenes más fuertes del día: en lugar de prolongar la celebración, se acercó a Michelsen, que terminó llorando, y lo abrazó durante varios segundos. La escena tuvo un enorme peso porque ambos son amigos y compañeros de generación, pero además porque Tiafoe conoce personalmente la frustración de perder partidos de Grand Slam en cinco sets cuando una semifinal está al alcance de la mano.
Para Tiafoe, la victoria significa regresar a las semifinales del US Open por tercera vez. El estadounidense continúa mostrando una capacidad extraordinaria para competir en partidos largos y escenarios de máxima presión. También llega a esta instancia respaldado por una temporada particularmente sólida, con un volumen de victorias elevado y un rendimiento especialmente consistente sobre pista dura. Su próximo rival será Shelton, en una semifinal que tendrá un componente emocional y deportivo muy particular, porque ambos representan a una nueva generación del tenis estadounidense que está intentando recuperar protagonismo en el escenario del Grand Slam.
En el cuadro femenino, Aryna Sabalenka volvió a demostrar por qué continúa siendo una de las grandes dominadoras del US Open. La número uno del mundo derrotó a Linda Noskova 7-6(1), 3-6 y 7-6(7) en un partido extremadamente exigente. Noskova, campeona de Wimbledon y una de las jugadoras que llegaban con mayor confianza a esta etapa del torneo, llevó a Sabalenka hasta el límite y consiguió incluso arrebatarle el segundo set. Pero la bielorrusa volvió a responder en el tercero, donde soportó una enorme presión y terminó cerrando el partido en otro tie-break.
La victoria tiene una importancia estadística y competitiva considerable para Sabalenka. La campeona defensora suma ya 18 victorias consecutivas en el US Open y alcanza por sexta edición consecutiva las semifinales del torneo. Su capacidad para sostener un nivel de potencia extremadamente alto durante partidos largos volvió a ser determinante. Frente a Noskova no tuvo un partido cómodo, especialmente porque la checa consiguió neutralizar durante largos períodos la ventaja de potencia de Sabalenka y obligarla a jugar puntos bajo una presión constante. Sin embargo, en los momentos decisivos la número uno encontró nuevamente la agresividad necesaria para asumir la iniciativa.
El otro gran duelo femenino del día enfrentó a Jessica Pegula con Emma Navarro. Pegula se impuso 3-6, 6-4 y 6-3, remontando después de perder el primer set. El partido tuvo una estructura similar a la de los otros encuentros de la jornada: una jugadora consigue tomar la iniciativa inicialmente, la rival encuentra soluciones tácticas y finalmente la definición queda para el tercer set. Pegula fue aumentando progresivamente su intensidad desde el fondo de la cancha y consiguió desplazar a Navarro de las posiciones desde las cuales había controlado buena parte del primer parcial. La tercera manga terminó inclinándose definitivamente para Pegula, que alcanzó nuevamente las semifinales de su Grand Slam local.
El resultado configura además una situación particularmente interesante para el cuadro femenino. Sabalenka continúa defendiendo su título y extendiendo su extraordinaria racha en Flushing Meadows, mientras Pegula vuelve a instalarse entre las cuatro mejores del torneo. El contraste entre ambas es significativo: Sabalenka representa la potencia y la capacidad de resolución inmediata desde el servicio y la primera aceleración, mientras Pegula construye buena parte de su éxito sobre la regularidad, la precisión y la capacidad de reducir el margen de error en intercambios prolongados.
El denominador común de toda la jornada fue, finalmente, la resistencia. No fue un día de victorias rápidas ni de favoritos avanzando cómodamente. Tiafoe necesitó casi cinco horas para eliminar a Michelsen, Sabalenka tuvo que atravesar dos tie-breaks para superar a Noskova, Pegula debió remontar ante Navarro y Alcaraz disputó un maratón de cuatro horas y 28 minutos antes de caer frente a Shelton. El desgaste acumulado convirtió al martes en una auténtica prueba de supervivencia física, técnica y psicológica.
Y en el centro de todo quedó la derrota de Alcaraz. El español no fue eliminado por una caída abrupta de nivel, sino por la combinación de un rival que jugó a una intensidad excepcional, una fase central del encuentro en la que Shelton logró imponer sus condiciones y un desgaste físico que terminó adquiriendo relevancia en los puntos decisivos. Alcaraz consiguió reaccionar, ganó el cuarto set con autoridad y llevó el partido hasta un super tie-break, pero Shelton fue quien manejó mejor los últimos intercambios. El resultado puso fin a la defensa del título del español y, al mismo tiempo, abrió definitivamente una parte del cuadro que ahora tiene una semifinal estadounidense asegurada.
La conclusión del partido poco después de las tres y media de la madrugada convirtió además a la noche del martes en un episodio histórico del torneo. La jornada había comenzado con cuatro cuartos de final que ya anticipaban un desgaste excepcional y terminó con el campeón defensor eliminado en el partido más tardío de la historia del US Open. El Arthur Ashe Stadium fue escenario de una secuencia de partidos que combinó remontadas, tie-breaks, tensión física, drama emocional y, finalmente, una de las mayores victorias de la carrera de Ben Shelton. El US Open 2026 entra así en su tramo final con una certeza: el cuadro masculino perdió a su campeón defensor, pero ganó una nueva narrativa alrededor del tenis estadounidense, mientras que en el femenino Sabalenka continúa avanzando con la posibilidad concreta de conquistar nuevamente Nueva York.