Nadal campeón en Madrid

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Updated: May 11, 2014
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El cuarto título de Rafael Nadal en Madrid, el tercero de la temporada tras ganar en Doha y Río, llegó de forma insospechada. El número uno del mundo se impuso a Kei Nishikori por 2-6, 6-4, 3-0 y abandono. «En el primer set me estaba pegando una paliza», reconoció el campeón a pie de pista, minutos después de que el japonés se bajara de la puja.

Nishikori dominaba por 6-2 y 4-3 cuando fue atendido por primera vez en la zona lumbar. Al regreso a la pista, cojeaba. Ya precisó de los cuidados del fisioterapeuta en la semifinal contra Ferrer. Era el dueño absoluto de la final. Para sorpresa de casi todos, había pasado por encima de un Nadal devuelto súbitamente a su estado previo al torneo de Madrid, a una especie de convalecencia que no termina de abandonar.

Desde que logró el primer break para situarse 3-1, el dominio de Nishikori fue apabullante. Hizo todo mejor que su adversario, a partir de un juego agresivo, valiente, de una idea muy clara de lo que tenía que llevar a cabo para vencer a un Nadal que sólo le había concedido un set en sus seis enfrentamientos previos. Este Nishikori poco tiene que ver con el que arrastra la negativa estadística, ni siquiera con el que perdió en tres sets el pasado año en Roland Garros, en su única disputa anterior sobre tierra.

Era su primera final de un Masters 1.000, y Nishikori estaba superando ante su propio público al mejor jugador de la historia en esta superficie. Su revés cruzado hería gravemente la derecha del español, muy lejos de la línea de fondo, desconcertado, sin apenas saque. Pocas veces se ha visto a Nadal con tal grado de impotencia. Perdió el servicio en el comienzo del segundo set y dejó pasar a continuación tres opciones de ruptura.

Necesitado de victorias tras caer en cuartos en Montecarlo y Barcelona, Nadal eleva su autoestima ante el torneo de Roma, al que hará frente esta semana, y Roland Garros, que se inicia el día 25. Sin embargo, después de una progresión que alcanzó su punto álgido en el encuentro de cuartos frente a Berdych, sale de Madrid con bastantes dudas. Tratándose de quien se trata, no es ni mucho menos descartable que hubiera podido dar la vuelta al encuentro de ayer, pero la verdad es que apenas existieron indicios de ello mientras Nishikori mantuvo la plenitud de sus condiciones físicas.

El campeón del Conde de Godó, desde hoy nuevo top ten, demostró que es el auténtico líder de la nueva generación y dejó claro que sus palabras de la jornada anterior no eran ni mucho menos temerarias. «Sé cómo ganarle», había anunciado. Su idea tuvo ciertos paralelismos con la de Novak Djokovic, el tenista que más daño ha hecho a Nadal en polvo de ladrillo. Saca bien, ataca desde del resto y sabe abrir ángulos con el revés, particularmente con ese cruzado del que el serbio también saca gran provecho. Más difícil es creer en Nishikori como candidato a Roland Garros. Su fragilidad física ya se manifestaron en las semifinales de Miami, de las que se retiró antes de medirse con Nole.

Las opciones de Nadal en París son evidentes, entre otras muchas cosas por los ocho títulos conquistados con anterioridad. Ahora bien, a la espera de lo que suceda en el Foro Itálico, su tenis arroja evidencias inquietantes. Ayer se vio favorecido por la lesión de su oponente, a la inversa de lo que le aconteció en la final del Abierto de Australia perdida frente a Wawrinka. Existe síntomas de ansiedad, el deseo de recuperar cuanto antes el crédito algo devaluado tras su peor temporada sobre tierra desde que se encuentra en la élite. Los triunfos, evidentemente, contribuirán a ese propósito, pero le hará falta bastante más juego para plasmar la mejor réplica de sí mismo.

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