Murray campeón en Madrid

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Updated: May 10, 2015
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En pleno ascenso, un tortazo sonoro, desbordado Rafael Nadal en una final que debía servir para despegar. Su derrota ante Andy Murray en la final del Mutua Madrid Open ensucia su magnífica semana en Madrid y le devuelve a tierra de nadie, un tropiezo con unas consecuencias devastadoras porque se hunde en la lista de la ATP y este lunes amanecerá el séptimo. Es lo que tiene no defender su legado, lejos el domingo de lo exhibido un día antes. Nadal pierde 6-3 y 6-2 y solo le queda aplaudir a Murray, que logra su mejor resultado en un torneo de tierra. 



No hay debate, no hay pelea, no hay épica. Desde el inicio, Murray domina una final descafeinadaporque Nadal no comparece, incapaz de ofrecer resistencia en un arranque demoledor. De los diez primeros puntos, nueve son para el británico, que se estira hasta el 3-0 sin apenas sudar. Mientras él celebra, al otro lado de la pista se consume un Nadal menor, sin derecha y sin revés, de fallo en fallo hasta que a los 14 minutos estrena su marcador. Ya es tarde.

Y eso que, pese al incontestable 6-3, Nadal encuentra algún motivo para soñar. Ha sido tan ascendente su semana que cabía esperar también al Nadal de las remontadas memorables, pero nada de eso sucede en una Caja Mágica igual de sorprendida. El balear, antes de entregar la primera manga, tiene tres opciones de romper el saque de Murray, pero esta vez el escocés no duda, un recital desde el fondo de la pista que nunca antes se había visto.

Porque a Murray, segundo de 2015 y tercero en la ATP, se le conocen todas las virtudes, pero jamás las había exprimido en arcilla. Tanto que este lunes logró en Múnich su primer título y esta, la de Madrid, era su primera final seria en esta superficie. Pero su prestación fue magnífica, un partidazo que debe ser reconocido pese a la poca consistencia de su rival.

Al margen de tener uno de los mejores golpes de revés a dos manos del circuito, Murray también exprimió su derecha y evidenció que ha ganado en movilidad. Llevó a Nadal de lado a lado de la pista y prefirió atacar que jugar a la defensiva, que eso ya es noticia. Obtuvo su premio con un triunfo genial, el décimo Masters 1.000 de su carrera.

A Nadal se le cada una cara de circunstancias después de todo lo que ha hecho en este Mutua Madrid Open. Contrasta su soberbio partido contra Berdych con el de la final, repleto de fallos, caras largas y lamentos. En su palco, ni una respuesta más allá de los clásicos aplausos, pura deferencia para intentar levantar un imposible.

Porque el segundo set empieza con dos breaks consecutivos a favor de Murray, directo a la gloria. Ningún golpe de la raqueta de Nadal suena con nitidez y se mueve sin gracia. No mantiene un patrón claro, su saque no duele y apenas arranca un par de ovaciones en fogonazos que se quedan en eso. Esta vez no, esta vez no hay alegría.

De Madrid se lleva un puñado de cosas buenas y una derrota que duele por mucho que firmara el resultado antes de llegar. Y duele básicamente porque no llegó a competir jamás en el día de autos, algo fuera de lo habitual. Entendió con deportividad que Murray fue mejor en todo instante y ya solo le queda pensar en Roma, última parada antes de Roland Garros. Por el camino, un chasco inesperado.

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